En los últimos años, el discurso de odio ha adquirido una preocupante presencia en la esfera pública global. Impulsado por el auge de las redes sociales, la creciente polarización política y el debilitamiento de los consensos democráticos, este fenómeno representa un reto urgente para la convivencia, los derechos humanos y la sostenibilidad de la democracia en la era digital.